En septiembre vuelven a la peluquería melenas que salieron de allí en junio con otro aspecto. El tono se ha aclarado dos puntos sin que nadie lo haya querido, las puntas se abren y al pasar el cepillo se nota una resistencia que antes no estaba. No es una impresión: se sale del verano con una fibra capilar que ha perdido parte de lo que tenía, y septiembre es el mes en que se decide si ese desgaste se corrige o se arrastra hasta la primavera.
LO QUE EL VERANO DEJA EN LA FIBRA
La radiación ultravioleta degrada la queratina y la melanina del tallo, y por eso el color se apaga y el cabello teñido vira. La sal del mar retiene agua y deja la fibra rígida al secarse. El cloro de las piscinas arrastra los lípidos que mantienen la cutícula cerrada. Y el calor del secador, sumado a todo lo anterior, acaba de desgastarla. Ninguno de esos factores actúa sobre la raíz: todos inciden en el tallo, es decir sobre la parte del cabello que ya no está viva y que, por tanto, no se regenera sola.
El resultado es un cabello poroso: absorbe agua deprisa, la pierde igual de deprisa y ha perdido la capa grasa que regulaba ese intercambio. Un pelo poroso no está sucio ni débil de raíz: está desprovisto de lípidos. Se reconoce por dos señales que cualquiera puede comprobar en casa: se seca al aire mucho antes que en junio, y absorbe el producto sin dejar rastro, como si el bote rindiera la mitad que antes.
Nada de esto se soluciona cortando las puntas, aunque el corte ayude.
QUÉ APORTA UNA MASCARILLA NUTRITIVA
Aquí está la diferencia con un acondicionador corriente. Donde el acondicionador se limita a desenredar y cerrar la escama durante un minuto, una mascarilla concentra agentes catiónicos, alcoholes grasos y aceites vegetales en proporciones más altas y necesita tiempo de contacto para depositarse. Su textura espesa no es un argumento de venta sino una consecuencia de esa concentración.
Lo que devuelve es material, no fuerza y mucho menos densidad: lípidos que sustituyen a los que el cloro se llevó y humectantes que retienen agua dentro del tallo. Entre las mascarillas capilares nutritivas que se encuentran en el mercado, las pensadas para un cabello castigado por el sol suelen apoyarse en manteca de karité, aceite de argán o de coco, ingredientes con afinidad por la queratina. La palabra nutritiva describe ese aporte graso y conviene no confundirla con hidratante, que designa la retención de agua: un cabello puede estar hidratado y seguir sin lípidos, y es exactamente el estado en el que sale de agosto.
CÓMO SE APLICA PARA QUE SIRVA DE ALGO
Sobre el pelo lavado y bien escurrido, nunca chorreando, porque el agua sobrante diluye el producto y lo lleva al desagüe. De la mitad del largo hacia abajo, insistiendo en las puntas y dejando la raíz fuera. Entre cinco y diez minutos, que es el tiempo que los activos necesitan para fijarse, y un aclarado con agua templada tirando a fría.
Dos veces por semana durante el primer mes, después una. Aplicarla a diario tiene efecto contrario al buscado: la fibra se satura, pierde cuerpo y la melena queda blanda y sin volumen. En cabellos finos, incluso dos veces por semana puede resultar excesivo, y en ese caso conviene limitarla al tercio final del largo.
LA CAÍDA DE SEPTIEMBRE NO SE TRATA CON MASCARILLA
Conviene separar los dos fenómenos, ya que coinciden en el calendario y no guardan relación alguna. Un tallo dañado se repara en superficie; una caída se decide en el folículo, debajo de la piel, donde ninguna mascarilla llega. Quien confunde ambos cambia de producto capilar esperando frenar su caída, y al no verla frenarse concluye que el producto no sirve.
La Fundación Piel Sana de la Academia Española de Dermatología y Venereología recuerda, a propósito del efluvio telógeno, que suele aparecer entre dos y cuatro meses después del factor que lo desencadena, y que perder alrededor de cien cabellos al día entra dentro de lo normal. Quien vea el desagüe lleno en octubre está viendo, con frecuencia, la consecuencia de un verano que ya pasó.
EL ERROR DE USARLA COMO ACONDICIONADOR
Muchas mujeres llegan a noviembre con la melena apelmazada por haber sustituido un producto por otro sin cambiar el gesto. Un minuto de mascarilla no equivale a un minuto de acondicionador: equivale a nada, porque el tiempo de contacto es justamente lo que surte efecto. Quien no dispone de esos minutos hace mejor en quedarse con el acondicionador diario y reservar la mascarilla para el fin de semana, cuando la ducha no depende del reloj.



